El abrigo lo usas todos los días en invierno y casi nunca lo piensas. Cumple. Pero combinarlo bien cambia más cosas de las que parece. Tres reglas que repetimos siempre acá.
Decide los pantalones primero
El error de siempre: elegir el abrigo y rezar para que combine. Hazlo al revés. Define los pantalones y los zapatos primero. Esos dos te fijan la base. Después el abrigo casi se elige solo.
Si los pantalones son grises o marinos y los zapatos cuero oscuro, te calza un verde oliva, beige o camel. Si son chinos beige y zapatillas, mejor algo más estructurado: trench, espiga, lana negra.
Pon una capa intermedia
El abrigo es la última capa. La que define el look es la que va antes: una chaqueta de punto, un sweater grueso, un cárdigan.
Importa porque cuando llegas a la oficina y te sacas el abrigo, no quedas en camisa sola. Una camisa con una capa intermedia se ve completa. Una camisa sola, no.
El largo importa más que el color
Hay un punto de quiebre alrededor de la rodilla. Sobre la rodilla — bombers, chaquetas field, parkas cortas — son más casuales. Bajo la rodilla — trench, sobretodo de lana — son más formales.
No hay un largo correcto. Depende del día. Si vas a estar mucho rato afuera, mejor más largo. Si entras y sales de reuniones, un abrigo a la cadera o un poco más abajo se mueve mejor.
Resumen
- Pantalones y zapatos primero, abrigo después.
- Capa intermedia siempre.
- Largo según tu día, no según la moda.
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